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Buscando la identidad en otros países

Muchas personas deciden dejar su propio país en busca de seguridad, protección física y hasta para encontrarse a ellos mismos.

Por Mar Mena González 

Era un 8 de noviembre del 2018. Yasuri Potoy Ortiz se encontraba con un grupo de jóvenes huyendo de la represión policial bajo el contexto de la insurrección cívica que se dio en Nicaragua a partir del mes de abril del mismo año, viéndose forzados a migrar de forma irregular, sin ningún tipo de documentación que les permitiera cruza la frontera de Costa Rica. 

“¿Tu identificación?” preguntó un oficial militar a uno de los jóvenes, quien no traía ningún papel consigo mismo. acto seguido el mismo oficial procedió a obligarle a cantar el himno de Nicaragua, sin embargo, ante tanto nivel de pánico y miedo no pudo ni pasar de la primera estrofa, causando la burla del oficial y el resto de sus compañeros quienes se encontraban en el punto fronterizo, así relató Potoy los hechos que vivió durante su traslado al país de Costa Rica.

“…pasé por la frontera de Peñas Blancas, por un punto ciego. Sin embargo, en el punto fronterizo nos encontramos con los militares de Nicaragua, pero nosotros veníamos con una persona que trabaja de coyote trasladando personas, entonces los coyotes tienen como un mutuo acuerdo con los militares para dejar pasar y en este contexto de abril, no sé qué arreglo tenían y solo nos preguntaron nuestros nombres.”  añadió Yasuri Potoy. 

Según Fiore Aragón, especialista en migración internacional, los riesgos a los que se pueden enfrentar las personas migrantes son demasiados. “Se han evidenciado casos donde la Policía o el Ejército han llegado a detener personas durante su traslado al país de destino, también hay un peligro por parte de los coyotes e incluso en casos de mujeres existe el riesgo de ser abusadas sexualmente…”

Yasuri Potoy Ortiz es una mujer trans, originaria de la Isla de Ometepe, Rivas y estudiante exiliada de la carrera de enfermería de la UNAN-Managua. Motivada a apoyar a todas las personas atrincheradas dentro del recinto universitario durante las tomas universitarias del 2018, decidió formar parte de las unidades médicas de atención en salud causándole su expulsión sin explicación alguna por parte de las autoridades y el asedio hacia su persona y su familia, obligándola abandonar el país.

Exilio forzado

Para Potoy el nivel de inseguridad que se vivía en el país no le permitía tener como opción quedarse en Nicaragua, “…al ver a todas las personas que estaban siendo apresada, llevadas a lo que era El Chipote y ver cómo eran sujetas a violaciones de derechos humanos y más las personas que eran parte de la comunidad LGBTIQ+ en este caso las mujeres trans que fueron víctimas de encarcelamiento injusto, donde se les exponía su desnudez, donde eran motivo de mofa y de burla. Eso incrementó en mí el miedo y la necesidad de tener que dejar mi país y tener que migrar.”

De acuerdo a los artículos 13 y 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1941, ONU) toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado y en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. Así mismo según el Glosario sobre Migración (2006, OIM) define migración forzada de la siguiente manera: “…un movimiento de personas en el que se observa la coacción, incluyendo la amenaza a la vida y su subsistencia, bien sea por causas naturales o humanas.”

Potoy comentó como ya dentro de territorio costarricense se dirigieron inmediatamente a las oficinas de migración para solicitar refugio y relató la forma en que recibieron un trato muy despectivo, donde las mismas autoridades les dijeron que eran una carga para el país. “Ese fue el primer golpe, un poquito duro y triste, el saber que está a escasos kilómetros, a escasos metros de tu país y ahí no podés regresar, porque en tu país hay una dictadura, hay una inseguridad, una violencia…” añadió, siendo esto una clara violación al artículo 3: relativo a la Prohibición de la discriminación de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951, ONU).

Huyendo de la violencia

Eran las 10 de la mañana. El día se encontraba nublado. En comparación a otros tiempos no había mucha gente, a excepción de unos cuantos comerciantes y conductores de furgones quienes llevaban productos al otro lado de la frontera de Honduras. Con papeles en regla, un salvoconducto que le permitía movilizarse a través del país y exámenes en mano de un hisopado que dictaba negativo del virus del COVID-19. Fue cuestión de pasos y finalmente se despidió de lo que en algún momento fue su país de origen, su hogar, su familia, sus amistades, su pareja y hasta su propia cama.

Grey Ríos es una mujer trans, procedente del pueblo de Comayagua, Honduras quien se vio obligada a migrar debido a la violencia existente en su país de origen, después de haber sido sobreviviente de un intento de homicidio por parte de un joven de la localidad. Ríos fue herida gravemente en su mano izquierda.

“Mi caso mío no es fácil porque yo he sufrido mucho. En Honduras a una la discriminan por ser chica trans, allá hay gente que solo porque se es así, trata de quererlo maltratar…”, mencionó Grey Ríos, mientras pasaba su mano encima de la herida, una gran marca tanto física como emocional. De acuerdo al estudio “El prejuicio no conoce fronteras” presentado por el observatorio Sin Violencia LGBTI, entre 2014-2019 se registraron más de 1,300 asesinatos de personas LGBT+ en América Latina y el Caribe.

 “Llegamos como a las 11 de la mañana a la frontera, se hicieron las 12, 1 y migración de Honduras sí la había dejado pasar, pero migración de acá Nicaragua le puso trabas. Primero que tenía que cambiar unas cosas de su prueba de COVID, luego que sí la dejaban pasar, pero necesitaban información de que a dónde iba, cuántos días iba a estar, ya hasta el final hicieron entender que querían dinero para agilizar el proceso y le quitaron 100 dólares a las muchachas” relató Ludwika Vega directora de la Asociación Nicaragüense Trans, quien estuvo involucrada en el proceso de traslado de Grey.

Violencia transfóbica y xenofóbica

En una realidad donde ya el hecho de ser mujer representa un alto peligro ante la violencia machista, ser mujer trans y migrante conlleva el doble y hasta triple de opresión en la región centroamericana, donde la violencia homobilesbotransfóbica y xenofóbica se encuentra muy arraigada en las sociedades. 

En los primeros días desde su llegada a Costa Rica, Yasuri Potoy estuvo viviendo en una casa para personas refugiadas, lo cual a pesar de no ser mucho y tener que dormir en un piso de madera, significó un gran privilegio en comparación a otros casos que terminan durmiendo en la intemperie. “La convivencia fue una experiencia un poco dura y traumática.” comentó Yasuri, quien además agregó cómo las personas con las que tuvo que vivir por cierto tiempo jamás respetaron su identidad como mujer, “…una vez las personas al mando habían recibido una amenaza, y dispusieron que se debía hacer una ronda de seguridad durante la noche, solo los hombres iban hacer eso, sin embargo, el señor de la casa dijo que yo también tenía que hacerlo.”. 

En la mayoría de los países de Centroamérica a excepción de Costa Rica, no existe alguna ley de identidad de género que permita a las personas trans cambiar sus documentos de identificación, “…esto continúa siendo un grave problema, porque al menos en el caso de acá Nicaragua que, aunque tengamos la resolución ministerial 671 del 2014, donde establece que el personal de salud debe respetar nuestros nombres, ni aun así se cumple porque no hay una ley específica que nos respalde” añadió Ludwika Vega.

“La expectativa de vida de nosotras, las mujeres trans no pasa de los 35 años en Latinoamérica” comentó Viena Ávila, directora ejecutiva de la Asociación Feminista Trans (AFeT), una organización hondureña, así mismo añadió como a raíz del caso de Grey Ríos vieron la necesidad de expandir su área de trabajo hacia las partes más rurales de Honduras, e implementar proyectos que beneficien a la calidad de vida de las mujeres trans. De acuerdo al mismo estudio presentado por el observatorio Sin Violencia LGBTI, Honduras encabeza la lista de los países de Latinoamérica y el Caribe con la tasa más alta de muertes violentas de personas LGBT+ y donde la mayoría de las víctimas son hombres gay y mujeres trans.

Migraciones en tiempo de COVID-19

Yasuri Potoy comentó cómo actualmente su estatus se encuentra en proceso de solicitante de refugio, pero cuenta con un carnet de permiso laboral el cual según ella representa un motivo de aumento de la xenofobia en Costa Rica. “Al mostrar el documento miran que sos una persona que tiene una condición de solicitante, una condición que no muchas de las organizaciones o muchos lugares reconocen.”. Actualmente su permiso se encuentra vencido, sin embargo, bajo el contexto de pandemia y las últimas disposiciones de migración lo han revalidado hasta enero de 2021.

Para Grey Ríos, su punto de destino jamás fue Nicaragua, solo era parte de su ruta de tránsito, sin embargo, a raíz de la pandemia del coronavirus las fronteras se vieron afectadas y forzadas a cerrar, entre ellas las de Costa Rica, obligándole a extender su estadía en el país. Esto implicó un gran obstáculo al no contar con fondos para asegurar su alimentación, medicina y hospedaje. Por suerte obtuvo el apoyo de ANIT “Ludwika hace poco me compró una cama, yo tengo mi cuartito, ahí, aunque sea humildemente pero ahí estoy.” Sin embargo, esto no resolvió todos los problemas. Grey Ríos añadió que requiere cierta medicación para su mano a consecuencia de la agresión de la que fue víctima.

Fiore Aragón, especialista en migración internacional, comentó que la práctica del refugio en Nicaragua tiene años de no implementarse y casos que llevan desde el 2016 han quedado rezagados. Así mismo añadió que en casos de personas centroamericanas gracias al “Convenio Centroamericano de libre movilidad” (CA-4) podrían permanecer en el país sin ningún documento más que la cédula hasta tres meses, pero después de ese tiempo se aconseja salir del país y renovar, cosa que bajo el contexto del COVID-19 resulta imposible.

 “Para uno migrar a otro lado no es fácil, porque te digo una cosa, dejar a tus seres queridos, dejar tus amistades, dejar tu cama… uno extraña a tu país, no es fácil la vida, pero por no querer morir, no querer que vuelva a suceder lo que sucedió una se ve obligada a hacer estas cosas.” relató Grey.

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Más de cien mil exiliados

Desde los conflictos sociopolíticos que dieron lugar en Nicaragua a partir del mes de abril del 2018 hasta la actualidad se han registrado más de 100,000 casos de personas que han huido y buscado asilo dentro de otros países, según datos brindados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), siendo Costa Rica con dos tercios del total de personas, el país con la mayor cantidad refugiados. Lastimosamente se maneja poca información de personas migrantes LGBT+ nicaragüenses, explicó Fiore Aragón, coordinadora del Equipo de Política Migratoria para América Central y del Sur.

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Collage de fotos de Martín Mena González.

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