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Mujeres víctimas de la censura de prensa ¿lo viven diferente?

Desde la rebelión de abril de 2018, las mujeres periodistas de Nicaragua viven también asedio, acoso y persecución, pero de manera más profunda y constante.

Por Lucila Campbell

La periodista Maryórit Guevara es la actual directora del sitio web La Lupa, que informa con enfoque de género dándole visibilización a las voces femeninas en el espacio público. Aunque este sitio web tiene un enfoque diferente e innovador, su creación fue su escape, el reflejo de su nostalgia, el dolor y la manera de ejercer periodismo aunque no se encuentren físicamente en el país, relató Guevara. 

Guevara tuvo que exiliarse junto a su pequeño hijo luego del inicio de la crisis sociopolítica del 2018, debido a las amenazas de muerte y la campaña de desprestigio y violencia digital con connotaciones sexuales. Aunque aseguró que la decisión de migrar no fue suya, sino que fue por presión familiar, porque aunque ella estaba comprometida con su labor periodística las consecuencias también la sufrían sus familiares.

Maryórit Guevara, contó que su experiencia de censura de prensa no es a partir del la crisis sociopolítica, sin embargó resaltó que luego de 2018 la censura –con sesgo machista- “se recrudeció especialmente con las mujeres periodistas porque Nicaragua es un país extremadamente machista y que el presidente designado, Daniel Ortega, está acusado de violación lo cual habla mucho de la sociedad misógina en la que vivimos”. 

Guevara afirmó que la experiencia de censura de prensa es diferente como lo viven las mujeres que los hombres. Para Patricia Orozco, periodista, feminista y directora del programa radial Onda Local “como vivimos las mujeres la censura es diferente, recordemos que la sociedad siempre tiene presente primero la idea del cuerpo de la mujer. Por esos las amenazas de violación,  acoso sexual…”

Experiencia con la censura como mujer

La vivencia de censura como mujer periodista tiene una connotación machista, como han afirmado Guevara y Orozco. Para la joven periodista feminista, Thais Alfaro, las mujeres que se dedican al periodismo son una de las principales víctimas de violencia digital. 

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Las periodistas son señaladas por no cumplir con los estereotipos machistas establecidos por la sociedad. “Si sos mujer y sos periodista, es que te vulneren dos veces, porque ocupas tus herramientas para informar… se les critica por su manera de liderar, su manera de vestir, nuestro cuerpo, cualquier cosa para quitar del foco las capacidades como periodistas”, afirmó Alfaro. 

La principal herramienta de ataque contra las periodistas han sido las campañas de desprestigio y difamación en redes sociales, como mencionó Guevara. También se suma que Nicaragua es un país que tiene una arraigada cultura patriarcal donde la prensa siempre ha sido amenazada, como aseguró Alfaro, “es claramente una serie de componentes que nos llevan a que la violencia digital y que cualquier tipo de censura sean elementos muy predecibles cuando te dedicas al periodismo”. 

Para Alfaro, “los ataques de violencia digital más comunes son la propalación, que es la difusión de imágenes, vídeos y cualquier material que vulneren a la figura de la mujer, amenazas directas bajo el enfoque del anonimato convirtiéndose en acoso”. 

Una nueva forma de censura

La administración Ortega-Murillo ha implementado una nueva forma de censura: demandar por el delito de injurias y calumnias. El ejemplo más reciente es el caso de la periodista de la Costa Caribe, Kalúa Salazar, jefa de prensa de Radio La Costeñísima. Ella fue encontrada culpable de calumnia tras la divulgación del reportaje “Se destapa corrupción en la alcaldía del municipio El Rama”, y fue sentenciada a pagar una multa de 7684 córdobas. 

Salazar explicó que al inicio del proceso de la demanda trajo consigo una campaña de desprestigio en las redes sociales donde criticaban desde su vida personal hasta profesional. Señaló el sexismo de los ataques virtuales, “cuando una mujer ejerce el periodismo ven como que no pudiéramos ejercerlo eficientemente por ser mujer”. 

“Empezaban a atacar cómo crecí, cómo era mi familia, a qué se dedicaban. Buscaban cómo destruir mi integridad en las redes sociales para que las personas lleguen a creer que no tienes moral para estar representando un medio, un noticiero o estar en una plataforma cuando tu vida es `así´, `así´, `así´ (cuando se ha creado una figura estereotipada o falsa de su persona). Esa es la táctica que ocupan con las mujeres, porque nosotras siempre vamos a ser señaladas por cualquier razón”, afirmó.

Salazar aseguró que en el proceso de demanda las situaciones para las mujeres son más difíciles cuando se enfrentan con los hombres que están en cargos de poder, “por ejemplo, en el complejo judicial los funcionarios que representaban a la alcaldía de El Rama aprovechaban situaciones o momentos para amenazarme, intimidarme y chantajearme pero de una manera muy sutil”. 

El objetivo claro de esta demanda es censurar a Radio La Costeñísima por su compromiso de informar a la población de la Costa Caribe sin filtros y visibilizar los abusos de poder cometidos en el Estado, aprovechando que el medio había perdido a su director y está dirigido solo por mujeres. 

Salazar dijo: “era contra nosotras porque somos chavalas, porque estamos iniciando, porque no tenemos tanta experiencia en esto y no tenemos el acompañamiento como antes lo teníamos del director. Pero nosotras como muy buenas indisciplinadas que somos, (los) ignoramos y seguimos trabajando en lo que nosotras sabíamos que teníamos que hacer en esta radio”. 

Exiliarse… la alternativa por la vida y el trabajo 

Exiliarse para salvaguardar su vida fue la única opción que tuvieron algunas periodistas como Leticia Gaitán, Lucía Pineda Ubau, Maryórit Guevara y Yamlek Mójica porque no se sentían seguras ejerciendo la labor periodística en Nicaragua y exponían la vida de su familia. Pero gracias a redes de apoyo y de mucho esfuerzo han podido volver a empezar y vivir en resiliencia. 

Yamlek Mójica, es una joven periodista nicaragüense que tuvo que emigrar a Costa Rica como consecuencia de las amenazas de muerte. Actualmente es corresponsal en La Voz de Guanacaste. Para ella la experiencia de migrar no fue nada fácil, tomando en cuenta que es mujer, joven y periodista.

Mójica, empezó a recibir amenazas y violencia digital desde que empezó a cubrir las protestas por la quema en la reserva Indio Maíz a inicios de abril 2018. “Yo tuve amenazas. Alguien de la Juventud Sandinista entró a mi casa (con intenciones de agredirla). Recibía tweets super agresivos diciendo que me iban a violar y que ya sabían dónde vivía. Hasta mi mamá recibía mensajes: `cuide a su hija´. Eso me provocó migrar, no me sentía segura ni estando ni haciendo periodismo en Nicaragua”. 

Mójica afirmó que la vivencia de migrar es muy diferente entre hombres y mujeres. “Existen bases teóricas que afirman que las mujeres vivimos en una constante confrontación a la violencia, agregale a eso ser periodista que es una carrera traumática, donde sufrís ataques de personas que no están de acuerdo con lo que escribís; y a eso agregale ser migrante, donde llegás a un país con prácticas xenofóbicas, y acosos de diferentes naturalezas, como cuando hombres extraños te escriben pidiéndote matrimonio para que vos te puedas legalizar y te ofrecen una medida de pago alternativa´. A ningún hombre le dicen ni vive eso”. 

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FOTO/ Lucila Campbell

También señaló que la experiencia de legalizarse para las mujeres es más complicada. “Los hombres no tienen miedo de ir solos a las unidades de migración porque son lugares solos, donde te podés sentir vulnerable por ser mujer”. Igualmente, aseguró que la manera de que una migrante pueda salir adelante es con ayuda de otras migrantes, redes de apoyo, amigas y amigos. 

Autocensura como manera de protección

Antes de exiliarse Maryórit Guevara ocupó la autocensura como medida de protección. “Yo decidí bajar de tono la información, dejar de producir La Tajona, (segmento que se publicaba en el medio digital Artículo 66) como tal porque el régimen va a callar las voces que sean necesarias de las formas que sean necesarias. Lo hice yo, y estoy segura que muchas periodistas lo hicieron…” 

Comentó que como directora de La Lupa, le ha tocado que algunas de sus colaboradoras que aún viven en Nicaragua tienen miedo de firmar sus artículos por temor a las consecuencias. En el caso de Kalúa Salazar y sus colegas en la radio, no se han autocensurado, sin embargo son más meticulosas con los trabajos que serán publicables, mencionó la Jefa de Prensa de  Radio La Costeñísima.

Alfaro explicó que la autocensura es una manera de protección, pero también de prevención para no vivir escenarios imprevisibles. “Yo he escuchado a mis colegas que tienen mucha pasión por el periodismo de investigación pero le tienen miedo y deciden dedicarse a otras ramas del periodismo. También tienen mucho cuidado de hablar del contexto sociopolítico o señalar directamente a alguien”, con lo que explica que esto es una manera de poner en riesgo la libre información.

La directora de Onda Local no cree que estas medidas sean autocensura, sin embargó explicó, “creo que lo que hay es un esfuerzo de muchas periodistas mujeres y algunos hombres para cuidarse, y evitar ser objeto de represión”.

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FOTO/ Lucila Campbell

La especialista Patricia Orozco analizó que la falta de compromiso de los dirigentes de los medios de comunicación independiente son los causantes de que las periodistas vivan estas experiencias difíciles por la falta de denuncias francas que le den visibilización a este tipo de casos. También mencionó que las leyes en Nicaragua que deberían de proteger a las mujeres las han dejado a un lado o las han cambiado.

A nivel macro, como explicó Alfaro, la falta de voluntad y de compromiso político por cumplir con las leyes que deberían de proteger a las mujeres es la causa de las diversas represiones y vulneraciones a su individualidad y a su vida misma.

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