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Nicaragua: ignora a la comunidad LGBTQ

Cómo vive la comunidad LGBTQ y cuáles son sus derechos. Qué tropiezos pasan en su día a día, una muestra de cómo se vive y se sufre en ambientes de intolerancia 

Por: Naffis Blanco

Leyker Quintero, tiene 18 años y estudia Marketing y Publicidad. Vive en la ciudad de León. Él y su pareja decidieron una noche ir a divertirse al 23 Bar, en la zona rosa de la ciudad. Ambos eran acompañados por sus amigos.

Ya en el bar, él y su novio decidieron intercambiar caricias y besos, en ese momento llegó un guarda de seguridad, y le indicó que no podían besarse, “no pueden hacer esas cosas aquí, deben abandonar el lugar”, le dijo el uniformado.
Una vez pasado el incidente, la pareja abandonó el lugar, dejando claro, que ellos no estarían en un lugar donde hubiera gente homofóbica y con muchos prejuicios.

Quintero, muy molesto y ofendido, publicó primeramente un audio en su cuenta de twitter, explicando la situación que había vivido con su pareja, y la humillación de ser “corridos del bar”, posteriormente escribió sobre lo ocurrido.
Pero la historia no terminó ahí, mediáticamente el twitter de Quintero tuvo eco entre las personas, que se manifestaron estar en contra de lo sucedido.

Entre los twitter de solidaridad ante lo ocurrido, algunos se preguntaban: “¿a los heterosexuales les prohíben besarse en público? Claro que no, es algo normal, así que alguien que diga que tiene los mismos derechos que nosotros está hablando desde sus privilegios” 


Tuit escrito por Leyker Quintero haciendo su denuncia pública sobre la discriminación que vivió.

Es usual en el país, encontrarse con testimonios, sobre insultos, acoso, violencia física, discriminación en las escuelas, en los trabajos y en el hogar. Edmilson Velásquez, estudiante de la carrera de derecho en la Universidad Centroamericana (UCA),  perteneciente de la comunidad Lesbianas, Gays, Bisexual y Transexual (LGBTQ), reveló que desde pequeño sufría malas miradas por actuar diferente, a lo que debe ser un niño. “Yo no era de los amaban el fútbol, yo prefería estar con mis primas que seguir un balón”, comentó.

Velásquez, insistió que “En el país son pocas las organizaciones que se preocupan por el bienestar de esta comunidad, es una falsedad cuando se dice  que todos tenemos los mismos derechos, podemos decir eso desde nuestro privilegio, pero es una falsa realidad”

Según en el Arto. 25 de la Constitución de Nicaragua: “Toda persona tiene derecho; a la libertad individual, a su seguridad, al reconocimiento de su personalidad y capacidad jurídica”

El estudiante de Derecho, enfatizó que “Se viola prohibiendo el matrimonio legal en el país para las personas del mismo sexo, las personas LGBT a menudo están expuestas a estigmas, discriminación y violencia, incluso cuando buscan atención médicas, y lo más preocupante es que dentro de sus propias familias durante este encierro por el COVID-19, se han expuesto a más estigmas por su vida sexual”.

Nicaragua reporta un índice de violencia del 35% anual. A partir de abril del 2018, la represión en el país, afectó considerablemente a la comunidad (LGBT).

Miembros de dicha comunidad fueron encarcelados, golpeados, torturados y expuestos a situaciones de violencia en la calle durante las protestas del 2018.

Una de las tantas situaciones de violación a sus Derechos Humanos, fue el encarcelamiento  y la permanencia en las mazmorras, incumpliendo leyes internacionales que protegen la seguridad e identidad de cada persona.

Bryan Romero, de 23 años, estudiante de la carrera de administración de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León). Vive en la ciudad de León y un día de semana decidió ir a almorzar con sus amigos de la universidad al centro en ese momento, pasa una camioneta rutera de la ciudad y uno de los cobradores le tiraba besos y le interpela diciéndole: “vení, yo te hago hombre”.

Bryan y sus amigos asustados caminan rápido, pero el hombre los sigue, uno de los amigos cansado del acoso, lo confrontó y le dijo: que se calmara, que era vulgaridad lo que estaba haciendo. El hombre reaccionó violento y le lanzó un golpe, fue cuando otros universitarios que venían, decidieron detener el hecho.

El hombre dándose a la fuga después de haber golpeado sin razón alguna después de que el acosador era él, los jóvenes lograron tomar fotos y videos de lo sucedido, llamaron a la policía. Han pasado cuatro meses y la policía no ha encontrado al culpable.

Alejandro López, 22 años, estudiante de la carrera de odontología de la Universidad Americana (UAM), decide hacerse su prueba de VIH Sida ya que en la universidad estaban con la campaña.  Él cree que daría negativo, ya que es activo sexual y su última prueba fue hace cuatro meses.  La enfermera que lo atiende demora más del tiempo establecido para dar el resultado.  La enfermera lo llama y lo hace pasar a la sala y con una cara diferente a la primera vez que lo atendió, le dice que dio positivo.  Alejandro en shock, sin saber que decir o hacer, el tiempo pasaba y sabía que sus amigos iban a sospechar algo, decide solo agarrar los resultados e irse. Alejandro sabía que era uno los riesgos y que aparte de homosexual lo tacharían de enfermo, y que no tendría las mismas opciones que los heterosexuales.

Esperanza Rodríguez, joven líder de una comunidad católica en la ciudad de Chinandega, recordó que “Nicaragua es un país que ser gay, bisexual o transexual, es visto muy mal en la sociedad, siendo un país muy creyente en Dios, los tachan de pecadores o sucios. También el país vive un machismo inmenso y eso va de la mano de las creencias antiguas”

No obstante, en materia de legislación, la ley No192  art4, es enfática: “El Estado promoverá y garantizará los avances de carácter social y político para asegurar el bien común, asumiendo la tarea de promover el desarrollo humano de todos y cada uno de los nicaragüenses, protegiéndolos contra toda forma de explotación, discriminación y exclusión”

Según miembros activos de la comunidad (LGBT), el artículo no defiende los derechos de los nicaragüenses. A las personas no se les respetan sus derechos. Un ejemplo claro, es que las  personas homosexuales no pueden contraer matrimonio civil ni formar una familia que los proteja bajo las leyes del estado.  

Al respecto, Edmilson enfatizó que los homosexuales “tienen derecho a formar una familia, derecho a acceder a los bienes no testados por mi pareja en caso de fallecer, derecho a la unión civil, así como muchos otros derechos humanos fundamentales, que si bien es cierto no a todos se nos me han vulnerado, a muchas personas de la comunidad si y es que también depende de tu estatus económico, y accesibilidad a información sobre el tema”.

Velásquez, confesó que, vive largos procesos de deconstrucción y aceptación, sin embargo, la realidad es otra; vivir en Nicaragua como parte de la comunidad LGBT es recibir amenazas y comentarios de odio, burlas y malas miradas por donde vayas.

En diferentes momentos, la comunidad (LGBT) ha expresado estar preocupada ante la falta de atención e información hacia la comunidad. El desconocimiento que existe en las escuelas donde poco se aborda la educación sexual y en caso de hacerlo, se enseña lo básico.  

La educación sexual para las personas homosexuales está fuera de los planes educativos, no se toma en cuenta al momento de los planes académicos y todo esto afecta la manera de cómo formamos sociedades tolerantes en el campo de la diversidad sexual. 

La homosexualidad no es un trastorno mental

Cinthya López, psicóloga y promotora del proyecto; Mis cajitas de emociones, dice la homosexualidad,  no es un trastorno mental, debido a que los comportamientos en estas personas están dentro de la normalidad. Y que debe mirarse como una elección,  de con quién estar o establecer una relación. 

Se puede volver un trastorno mental cuando las personas son atacadas o minimizadas (trastorno de ansiedad, depresión o bipolaridad), pero no en los casos de las preferencias sexuales, apuntó López.

La psicóloga también enfatizó que “pequeños actos de represión pueden afectar altamente en la salud mental de una persona, todos luchan en una batalla al pertenecer a este gremio, porque desde pequeños les hacen creer que tienen un problema, muchos padres se están quedando en la antigüedad”.

Se puede cambiar la orientación sexual con terapia

López manifestó que “Realmente no necesita terapia para cambiar su orientación, la recomendación es la ayuda psicológica para aceptar su situación, y revelación con las personas cercanas, su propia aceptación, y desarrollar las estrategias para lidiar con los prejuicios”. 

En diferentes situaciones padres han querido obligar a sus hijos a cambiar y es ahí cuando empieza la represión de sus propios sentimientos, ataques de ansiedad por no saber cómo reaccionar o cómo vivir.

 “Se crean inseguridades que pueden con llevar a ataques de ansiedad o pánico, ya que al momento de salir a vivir en sociedad afectará el doble a la persona, ya que su propia mente empezara a luchar sobre cómo reaccionar, en una bomba en su cabeza por eso se debe garantizar una igualdad”, dijo López.

Estudiantes de la UCA ejerciendo su derecho en la marcha del 8 de marzo del año 2020.

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