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Padre Edwin Román: La sotana del pueblo

Desde abril de 2018, el padre Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel de Masaya, ha sufrido acoso, asedio y amenaza, pero permanece como guía espiritual de los nicaragüenses.

Marynette Noguera Prado

A sus 60 años, el sobrino nieto de Augusto Calderón Sandino, el Padre Edwing Román Calderón, ha sido víctima de persecuciones, acoso policial y atentados contra su integridad a causa del apoyo humanitario que brindó luego de las protestas antigubernamentales que explotaron desde abril de 2018.

El Padre Román, actual Párroco de la iglesia San Miguel Arcángel de Masaya, comentó que incluso se vio envuelto en fuegos cruzados, producto de los enfrentamientos entre la Policía y manifestantes de la ciudad de Masaya. 

Entre diversas experiencias, el Padre Román narró cómo en mayo de 2018 fue víctima de un atentado mientras se hospedaba en la casa del Doctor Álvaro Leiva, Secretario Ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH). “Andaba cansado y quise dormir un rato. La casa del Doctor Leiva tiene un segundo piso, hay dos habitaciones muy pequeñas de material de gypsum. Cuando subí por una escalera externa alguien me vio trepando y cuando entré al cuarto hubo un disparo de AK. Justamente sentándome en la cama entró el disparo. Entonces yo me tiré al piso y de rodada bajé las graditas”, narró el Padre Román.

Acoso en medio de confesiones

Entre las experiencias que ha vivido estos meses el Padre Román, recordó algunos momentos en los que “gente infiltrada” lo buscaba “supuestamente para confesarse”.  Una vez, el Padre Román estaba en el parque que se ubica frente a la Iglesia cuando un hombre se le acercó pidiéndole el sacramento de la reconciliación.

En ese entonces, el puesto médico de la Iglesia San Miguel seguía en pie, por lo que no podía permitir que un desconocido entrara a la Iglesia. Ello como una medida de seguridad y protección para quienes trabajaban como voluntarios. Cuando el Padre Román le dijo al hombre que no podía atenderlo adentro del templo, él le ofreció un espacio  en su vehículo. “Era un carro Yaris plomo”, describió el Padre.

Al entrar, el Padre Román miró una bandera roja y negra envuelta, guardada en el depósito de la puerta del vehículo. El hombre le comentó que tenía bombas artesanales y que no sabía si debía llevarlas a la UPOLI (Universidad Politécnica de Nicaragua) y le pidió consejos al padre. “Haga lo que le dicte su conciencia” contestó el Sacerdote tratando de ser precavido. 

Días después, en su labor de testigo y mediador, el Padre Román llegó a parar a la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como El Chipote. Ahí reconoció al hombre que había llegado a confesarse con él. Se trataba del Oficial Segundo al Mando después de Luis Pérez Olivas, director sancionado de esa cárcel. “El hombre (que llegó a confesarse) se puso helado cuando me vio, seguro no imaginó que me encontraría en ese lugar”, dijo el Padre Román con un tono burlesco.

“Hola mucho gusto, usted llegó a confesarse hace poco” saludó el Padre al policía. “Lo espero de nuevo”, terminó diciéndole.

Igual sucedió uno de tantos jueves, día del Santísimo. En esa ocasión llegó una mujer muy bien arreglada. Cuando le tocó el turno, entró al confesionario carente de “una actitud humilde”, explicó el Padre Román mientras recordaba esa anécdota. 

Aun así, inició la “confesión”:

—¿Dónde puedo conseguir bombas?, le cuestionó directamente la mujer.

—¿Qué?, le preguntó el Padre extrañado.

—Bombas, de esas que hacen en vasito de Gerber, contestó ella refiriéndose a las bombas de contacto.

—¿Por qué me hace esa pregunta?, le dijo él.

—Es que yo tengo, respondió la mujer susurrando.

—Mirá yo no sé quién te mandó o qué andas buscando. Yo no sé quién hace bombas, yo no las hago, no sé dónde las venden, ni me interesa. Así que váyase de aquí ya.

—Pero es que…

—¡Que te vayas de aquí!

—Pero es que…

—¡Que te vayas de aquí, infiltrada!, le insistió molesto el Padre.

“Le pegué gritos y salió disparada y en menos de diez minutos ya tenía a dos patrullas de policía (rodeando la Iglesia)”, contó el Padre Román.

Asedio en Eucaristía

“2919 fue un año muy duro para mí. De persecución muy directa y de asedio a la parroquia todo el año. Todo el año estuvieron ahí las patrullas frente a la Iglesia, dos o tres. Tomando fotografías a los fieles. Metiendo gente infiltrada a escuchar las homilías”.

Una de las misas más asediadas que celebró el Padre Román fue la Eucaristía en acción de gracias por la liberación del primer grupo de los presos políticos. “Vinieron todos los de Masaya, algunos de Managua, estuvieron todos los medios de comunicación y fuimos rodeados por la Policía”.

Con una mirada que denotaba molestia, el Padre Román señaló cómo agentes policiales agredieron a periodistas. “A un medio de televisión le quebraron las ventanillas del vehículo. A otros les robaron sus cámaras, traían bolsas con orines y las tiraban ahí los periodistas que estaban afuera”.

El Padre Román dice que realmente sufría asedio “cualquier domingo” y aseguró que no era necesario que hubiera actividades relacionadas a los presos políticos. 

“Una misa normal de un domingo fui rodeado por 6 patrullas de policías y estando la gente en misa. Yo salí y les fui a decir a ellos, no a tratar ni nada: ustedes no tienen culpa, pues supuestamente es su trabajo. Ustedes andan ahí asoleándose, sin comer, sin tomar. Hoy es domingo, medio día. Seguramente sus jefes están en aire acondicionado, tomando su cafecito, comiendo bien y ustedes aquí”, dijo el Padre Román mientras reconstruía el discurso que le dio a los oficiales en esa ocasión.

“Algunos de ellos se rían. A otro le di la mano, él intentó dármela, pero al mismo tiempo se quedó así (haciendo un ademán de quietud). No me la dio porque sabe que después es problema para él. Yo creo que entre ellos hay gente consciente”, relató el Padre Román entre reflexiones.

También recordó cómo un 27 de septiembre de 2019, estaba el Comisionado Ramón Avellán, frente a la Iglesia “poniendo música a todo volumen”. Ese día celebró una misa para pedir por la liberación de presos políticos y el Padre recordó que “todas las bancas estaban llenas”.

“Tengo entendido que ese día estaban concentrándose para una marcha de globos azul y blanco. Entonces a los primeros jóvenes que iban llegando, los golpearon”, continuó diciendo. Incluso el Padre Román contó que a una señora vende quesillos hasta le botaron su venta.

“Yo salí a decirles con educación, pidiéndole el favor que le bajaran (a la música) y lo primero que él me dijo fue: — Tal por cual andate de aquí, anda comete tus galletas, haciendo alusión a la Eucaristía”, explicó el Padre Román sobre la reacción de Avellán.

“Yo también le dije sus cosas y en una de esas que yo extiendo la mano así, para reclamarle, un paramilitar me agarró la mano”.

— Hay que encharcharlo, dijo el paramilitar. 

— Encharchame pues, contestó el Padre. 

“Ellos se hicieron acompañar de turbas, de gente que me insultaba, de todo me decían”, continuó narrando el Párroco de la Iglesia San Miguel.

“Total que al final el hombre mandó a apagar el sonido, pero había una actitud que me empujaba y me sacaba y yo le decía que no me iba hasta que le bajara y pues le bajó”, relató otra vez.

Cuando el Padre volvió a la Iglesia estaba el jefe de los antimotines con unos cinco jóvenes. “También me insultaron y uno de ellos hasta me retó a pegarme. Entonces yo me quité el cuello y le dije: — Dale pues vení, dale pegame, pero cuando venía otro de ellos lo detuvo”, narró el Padre. “Después de eso celebré la misa”, finalizó.

Mediaciones con la Policía

Por su parte, el Padre Román narró cómo conoció al ahora sancionado subdirector de la Policía Nacional.  “Conocí a Avellán en Jinotepe. Yo estuve en Jinotepe 17 años y le celebré el funeral a la mamá de Avellán. Diario él iba a la misa de la mamá después que se había enterrado. Lo vi siempre en la primera banca, muy educado, de guayabera blanca. Después lo vi hasta en los levantamientos, ahora es mi enemigo de gratis”, relató el Padre Román.

Del mismo modo, el Padre Román aclaró que de manera espontánea inició a participar en los procesos de mediación para liberación de detenidos. “Fue la misma necesidad de la gente la que me hizo formar parte del equipo” de derechos humanos, dijo. El Padre Román participó en al menos seis negociaciones. Ese equipo de defensores estuvo conformado por el Padre Román y los abogados Álvaro Leiva, Danilo Martínez y José Miguel Martínez.

La mayoría de veces, tenían que rondar a pie las calles, para poder llegar a la Estación Policial de Masaya, debido a las barricadas y los continuos enfrentamientos. Por su parte, Martínez aseguró que mantenían una comunicación directa con el Comisionado Avellán, quien los “recibía una cuadra antes de llegar a las instalaciones de la policía de Masaya” para ingresar con él.  Esa medida se tomó para “garantizar nuestra integridad” afirmó Martínez, puesto que había presencia de francotiradores en la institución policial.

En Masaya, el Comisionado Avellán los recibía en un salón con una mesa redonda de 12 o 14 sillas aproximadamente. “Era una sala diseñada para las reuniones de los altos mandos de la institución a nivel departamental”. En ella “nos sentábamos los miembros de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) y la Iglesia Católica en un lado y al frente los jefes superiores de la Policía Nacional”, expuso Martínez.

En ocasiones, las pláticas “se daban por intercambios de miembros activos de la Policía Nacional que eran retenidos por los manifestantes y se utilizaban como intercambio con la institución, para que se liberaran a los detenidos por las protestas. En otras, la Policía Nacional accedía a liberar manifestantes para que se redujera la tensión de las protestas a los alrededores de las instalaciones de la Policía Nacional de Masaya”, expresó nuevamente Martínez.

El Padre Román describió estas negociaciones como situaciones tensas, “aunque al principio eran amables, la tensión fue escalando con cada reunión”, dijo.

Martínez también recordó que “por más empatía, saludos y constantes negociaciones, siempre el ambiente era abrumador”. 

“Un día me dice Avellán, deme su bendición, por hipocresía. ¡Claro! le dije yo y le hice la señal en la frente a todos los que estaban ahí”, contó el Padre Román con un ejemplo que retrata el cinismo de los oficiales. 

Ya al final “ponían muchas trabas, a veces íbamos en balde” comentó el Padre Román. “A veces los muchachos salían muy golpeados y les hacían decir que los habían tratado bien, lógicamente ellos cedían con tal de salir”, agregó el Padre.

“Por fin te agarramos” 

El pasado 13 de febrero de 2019, por el motel el Rinconcito del amor, en la entrada del basurero de Masaya, un retén policial detuvo al Padre Román cerca de las 7:15 de la noche. La Nota de Prensa No. 05-2019 emitida por la Policía Nacional, explicó que los oficiales hicieron la señal de alto a un conductor que realizaba “una mala maniobra (zig-zag)”. Los agentes policiales identificaron al “Sacerdote Edwing Heriberto Román Calderón”, quien según las autoridades “conducía en evidente estado de ebriedad”. Luego se vieron circular en las redes de El 19 Digital, fotos del carro del Padre con botellas de cervezas.

Por su parte, el Padre Román explicó que todo “fue un montaje”. Relató que él volvía de Niquinohomo, luego de visitar a una persona que tiene cáncer. El Padre Román salió de Masaya a las cinco de la tarde acompañado del sacristán. Cuando venían de regreso, quisieron doblar en dirección al Túnel, puesto que tenían la intención de recoger donde un costurero, la estola que el Padre estrenaría para la ordenación de un nuevo sacerdote. Fue ahí cuando lo detuvieron.

“Yo no venía a (gran) velocidad, ni en estado de ebriedad, pero me retuvieron”, dijo el Padre.

—Por fin te agarramos, fue lo primero que le dijeron los oficiales.

—¿Qué acaso soy un capo, ando drogas o qué?, contestó el Padre Román.

“Me pidieron los documentos, pues se los di. Me bajé, revisaron el vehículo. Me quitaron las llaves, ni siquiera yo se las entregué”, recordó el Padre Román.

—¿Qué? ¿Ahora me van a poner drogas, armas, bombas, licor o qué?, interpeló molesto el Sacerdote.

El Padre Román reveló que una oficial de baja estatura le habló soezmente e incluso le lanzó una manotada que no logró alcanzarlo. No obstante, la nota de prensa policial aseguró que “en todo momento (la Policía) actuó con respeto a los derechos humanos y cortesía”.

Finalmente, el Padre Román describió el despliegue policial. “Había solo una patrulla con 4 policías, pero hicieron llamadas y llegaron dos más. En ese momento ya había alrededor de 18 o 20 oficiales tendidos en la carretera con las sirenas puestas”. 

Intimidación en las carreteras

En otra ocasión, el Padre Román fue retenido en el puente Ochomogo durante dos horas, cuando iba a visitar a un sacerdote en Rivas. Esa vez lo ingresaron en una caseta, le tomaron fotografías a él y a sus documentos, le revisaron el vehículo y lo interrogaron. 

Asimismo, sucedió otro día, cuando volvía de un taller de Niquinohomo. Casualmente el taller se ubica frente a la Estación Policial de ese municipio. Al regresar por la carretera Niquinohomo – Catarina notó que le perseguían un motorizado y una camioneta blanca. La persecución duró cerca de 40 minutos. 

Para cerciorarse de la situación, el Padre le pidió al conductor que entrara a Catarina para ver si por ese camino también le seguían. Evidentemente, la motocicleta les siguió. De hecho, el motorizado aceleraba y se mantenía “pegadito” al vehículo amarillo en el que el Padre viajaba. 

La camioneta, por su parte, se quedó parqueada cerca de la rotonda de Catarina. Al percibir ese comportamiento, el Padre le indicó al conductor que se estacionara y se bajó del vehículo para confrontar a sus perseguidores. 

Los hombres usaban pasamontañas y el motociclista usaba su casco, de forma que el Padre Román no pudo reconocer de quiénes se trataban. El Padre Román les preguntó por qué le perseguían y los hombres solo sabían decirle que siguiera avanzando, mientras hacían llamadas telefónicas.

Ante ese indiferente comportamiento, el Padre les dijo: — Así como ustedes, yo también tengo mis contactos. Simuló marcar su celular y hablar con alguien. En su supuesta conversación, el Padre señaló las referencias de la moto y la camioneta respectivamente y finalizó diciendo: — Vénganse ya. Los hombres huyeron de inmediato al escuchar las palabras del Padre. 

La huelga de hambre

Aquel 14 de noviembre de 2019 “las madres vinieron a un día de oración y de ayuno y se convirtió en un secuestro”, aseguró el Padre Román, quien contó que “no era una huelga indefinida”, sino que los hechos sucedieron de manera espontánea.

En total dentro de la Iglesia estuvieron 15 personas, nueve de ellas eran madres y familiares de presos políticos, también estuvo la abogada defensora de derechos humanos Yonarqui Martínez, dos ex presos políticos, una muchacha, el sacristán y el Padre Edwin Román

Las nueve madres pasaron nueve días en huelga de hambre exigiendo la liberación de sus hijos y el resto de presos políticos del Gobierno de Daniel Ortega. 

Oración y solidaridad ante la represión

Ese jueves 14 de noviembre llegó una mujer con su hijo en brazos. Tampoco la dejaron entrar, así que se arrodilló en la puerta mayor del templo a orar al Santísimo desde fuera. A las cinco de la tarde, dos padres de Masaya, el Padre Bismarck Conde y el Padre José Antonio Espinoza trataron de llegar a la Iglesia San Miguel a solidarizarse llevando algunos insumos alimenticios. 

En eso estaban, cuando escucharon cómo trabajadores de ENACAL cortaron los suministros de agua potable. 

También cortaron el fluido eléctrico. “Estando todo a pago, sin ninguna deuda, yo no debía, no tenían excusas para decir que debía por agua o por luz. Simplemente fue una forma de reprimir porque estaban aquí las mamás”, declaró el Padre Román.

Por su parte, la Doctora Yonarqui Martínez recordó cómo hubo personas que hacían lo posible para pasarles alimentos. “Una vez lanzaron una lata de sardina sobre el portón del garaje y gritaron viva Nicaragua libre”, comentó la abogada. “Tampoco se me va a olvidar cómo Wilfredo Brenes (actual preso político) ingresó por la parte de arriba un pollo”, agregó contenta.

Sin agua, luz, ni comida

“Yo tenía derecho a alimentarme y a mi medicina, porque yo no estaba en huelga”, confirmó el Padre Román, quien padece de diabetes. Usualmente, el Padre Román hace las compras de provisiones lunes o viernes. El día que empezó la huelga era un jueves, de forma que tenía pocos insumos para alimentarse y compartir.

“Nadie sale, nadie entra”, “te volamos balas o te llevamos al chipote”, dijo Yonarqui Martínez, abogada defensora de derechos humanos, al referirse a las palabras que manifestaron algunos oficiales, cuando la abogada intentó retirarse de la Iglesia. 

 “La parte más difícil fue poder resistir al embate de una huelga sin asistencia médica, sin luz y sin agua”, declaró Yonarqui Martínez.

La Doctora Yonarqui Martínez, se encargó de la cocina junto con el sacristán y con ingenio alimentaron a esas seis personas y las medicinas tuvieron que enterrarlas en el patio para que se conversara algunos días. “De una piña hice tres bebidas: chicha de piña, arroz con piña y fresco de piña, con eso logramos subsistir dos días”, recordó la abogada.

“Con cuatro huevos y un arroz que había en la cocina hice unos pancakes. Al arroz le echaba del culantro que arrancamos del patio o le agregaba sopa Maggie. Una vez miré un árbol de noni, los exprimí y con eso hice otro fresco”, continuó relatando Yonarqui Martínez.

“Los últimos tres días solo me alimentaba de arroz, café y avena”, dijo por su parte el Padre Román. Además, “como no teníamos agua nadie se bañaba, aunque teníamos algo recogido en un barril para el inodoro. Un día llovió fuerte y esa fue una bendición”, recapituló el Padre.

“La tensión era horrible”, describió Yonarquí Martínez. La Policía buscó a los familiares de las personas que estaban encerradas y una noche los llevaron hasta la Iglesia. La intención era que esos familiares golpearan en el portón, pidiéndoles que salieran, pero ninguno cedió por miedo de que se tratara de una trampa. 

Finalmente, las madres habían acordado tocar las campanas “como voz de alerta” en caso de alguna emergencia, “pero gracias a Dios nunca tuvimos que recurrir a eso”, expresó el Padre Román.

El servicio de agua potable lo restauraron tres días después de que salieron de la Iglesia. La energía eléctrica la conectaron definitivamente hasta febrero. Aunque el siete de diciembre se realizaron gestiones para instaurar el servicio en la Iglesia de cara a las actividades de la gritería. Ese día a las once de la mañana llegó una cuadrilla a reconectar el servicio, pero a las una de la tarde llegó otro equipo a cortarlo nuevamente.

Sitiados por 200 oficiales

Los alrededores de la Iglesia estaban sitiados. “Había más de 200 oficiales, cada 12 horas cambiaban de turno. Las turbas de vez en cuando nos insultaban y tiraban piedras a la Iglesia”, dijo el Padre Román casi sin inmutarse, tal y como lo diría alguien que ha estado acostumbrado a esa tensión por mucho tiempo.

Cuando las madres abrían las ventanas para tener contacto con el exterior, algunos oficiales las trataban mal. “Se van a morir, las vamos a sacar en bolsas negras”, les decían tratando de intimidarlas.

El Padre Román explicó que todos los días llegaban al parque que está frente a la Iglesia, personalidades cercanas al FSLN entre ellos el sancionado Comisionado Avellán, el fallecido ex-Alcalde de Masaya Orlando Noguera y el Diputado Násser Silwany y alrededor de 50 simpatizantes que fungían como turbas.

Pasados los nueve días “desistimos, tampoco era para salir muertos de aquí”, confesó el Padre. “Yo ya había tenido dos crisis por problemas de salud”, comentó el Padre Román. Algunas de las madres también habían presentado cuadros clínicos preocupantes.

Yonarqui Martínez confirmó las palabras del Padre y dijo que “la última vez que el Padre se nos descompensó, yo te juro que pensé que iba a fallecer”, rememoró con un semblante preocupado.

Ante esa situación, las madres decidieron buscar los medios para salir, mediar con el gobierno y reunir las condiciones necesarias para que se respetara la integridad de cada persona. Al principio de las negociaciones, “la postura del gobierno era que el Cardenal (Leopoldo Brenes) viniera a traerme a mí con el Nuncio (Waldemar Sommertag), pero no a las mamás. Y yo no acepté, porque la Iglesia no iba a ser cómplice de entregar a las mamás”, declaró el Padre Román con voz firme.

Al final se logró un acuerdo, para salir vino un sacerdote delegado de la Curia y vinieron directamente varias ambulancias hacia el Hospital Vivian Pellas. Una vez que el Padre y las madres fueron trasladas para revisiones médicas, “el famoso Avellán quiso entrar a revisar la casa cural, pero el sacerdote al que le entregué las llaves de la casa cural no se lo permitió”.

“Sin ver colores”

El Padre Román es un evidente líder religioso y comunitario. Enoe Palacios, feligresa de la Iglesia San Miguel, lo confirmó cuando explicó que él “siempre ha defendido a los muchachos”. Ella comentó que en diversas ocasiones ha temido por la seguridad de su Párroco. Incluso recordó que en la última misa de la que ella participó, el pasado diciembre, estaban los policías y sus patrullas apostados frente al parque de la Iglesia. Ella está convencida que el Padre Román solamente “busca la paz y la libertad de expresión. Él influencia a su comunidad para bien, a través de su buen ejemplo”, agregó Palacios.

Sobre ello y su labor como Párroco de la Iglesia San Miguel Arcángel, el Padre Román explica que sus acciones “son parte de un apostolado, como obras de misericordia”.

Además, el Padre Román recalcó que su misión es “predicar la palabra de Dios, adecuada a la realidad. El Evangelio trata de anunciar el Reino y denunciar lo que no es justo». Su labor al portar una sotana es “estar al lado del pueblo”, y eso significa apoyar a las personas “sin ver colores”.

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