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Pobreza y desigualdad limitan la educación en el campo

Alejandro, un niño de 12 años de la comunidad Sontole, camina dos kilómetros cada día para llegar a la escuela Andrés Castro, donde cursa el sexto grado de primaria, y se muestra dispuesto a continuar a pesar de las dificultades económicas de su familia.

“Quiero seguir estudiando para ser alguien en la vida. No me importa caminar, si llueve me pongo botas y vengo”, expresa Alejandro con un tono decisivo.

Johana, una niña de 11 años que también vive en Sontole y sueña con ser enfermera para ayudar a los habitantes de su comunidad, asiste a la misma escuela de Alejandro y se niega a desertar como les ha ocurrido a otros estudiantes.

“La carrera que quiero estudiar es enfermería, para ser alguien grande en la vida. Mis padres me motivan a que siempre siga estudiando, para alcanzar mis metas”, afirma Johana.

En Sontole, según el relato de estos menores, muchos niños y niñas han abandonado la escuela para dedicarse a labores del campo o domésticas, en apoyo de sus familias.

Las condiciones de la escuela son limitadas, es un espacio pequeño con solo dos salones en los que niños de diferentes grados reciben clases juntos.

El maestro Duilio Mendieta, quien ha enseñado en el colegio Andrés Castro durante siete años, comenta que las dificultades económicas y los embarazos a temprana edad son los factores que más impiden a los adolescentes seguir estudiando.

“Algunos llegan a alcanzar solo sexto grado, por los mismos problemas económicos”, relata Mendieta.

Ir a la escuela de Secundaria es más complicado por la distancia de cinco kilómetros entre Sonsole y la ciudad de Diriamba, Carazo. “El camino es muy malo, algunos se arriesgan a ir y también, por el trecho que hay, existe vandalismo; los esperan en el camino y les roban la mochila, el teléfono y las cosas de valor, han sido violentados. Entonces, muchos se quedan en la comunidad, por el temor a eso y, más que todo, se dedican a la agricultura”, explica.

Nicole Saraí, del cuarto grado y alumna del profesor Mendieta, dice sentir tristeza por esos niños que han descontinuado los estudios. “No pueden estar aquí, están trabajando y con ese deseo de venir a la escuela”, lamenta.

Alejandro cuenta que en su familia también hay necesidades económicas y él intenta ayudar con trabajo, pero sus padres insisten en que continúe en la escuela, porque desean que tenga un futuro mejor que el de ellos.

Cuando los padres carecen de posibilidades económicas para mandar a los hijos a cursar la educación secundaria en la ciudad, los muchachos “van a trabajar y se sienten satisfecho al tener dinero en la mano, es más atractivo para ellos solucionar sus problemas inmediatos”, dice el maestro Mendieta.

Otro de los problemas en Nicaragua es que los salarios para los docentes son los más bajos a nivel centroamericano.

En 2018, la tabla de salarios del Ministerio de Educación (Mined) para la docencia fue de C$8,500 córdobas mensuales para los maestros de educación inicial o preescolar, para los de educación especial y multigrado C$8,600; C$8,300 para los maestros de primaria y C$9,000 córdobas mensuales para los docentes de educación media o secundaria.

BUSCAN SOLUCIONES

Margine Juárez, madre de una niña que cursa el quinto grado de primaria en la escuela de la comunidad San Ramón, en El Sauce, León, tiene planeado para este 2021 reparar una bicicleta para que su niña recorra los más de tres kilómetros de distancia hasta la escuela.

“No tengo con qué pagar una motito, entonces, voy a ver cómo hago para que ella vaya a la escuela; me da pesar que no vaya por eso. Aquí, mi marido y yo nos la rebuscamos, lo hacemos para que no le pase lo de nosotros que no pasamos a la secundaria”, reflexiona Margine.

Esta madre confiesa que casi nunca compra uniforme nuevo, ni mochila, porque otras personas de la comunidad le obsequian ropa que utilizaron otras niñas y quedaron en buen estado.

En Nicaragua no todos los niños y niñas  tienen iguales condiciones para recibir educación adecuada / Foto: Lester Arcia

“Es duro, a veces solo tenemos para comer, la vida en el campo no es fácil. Hay muchos chavalos que han querido estudiar, pero no van porque se dedican a ayudarle a los padres”, admite.

En las escuelas rurales de Nicaragua ha disminuido la presencia de niñas. “Es un fenómeno que se está dando, aquí son más los varones los que vienen a clases, son menos las mujeres. Pero, sí hay equidad de género, nos mandan a atender tanto a varones como mujeres”, confirma el profesor Duilio Mendieta.

Según este docente, una razón por la que los varones llegan más a la escuela es que algunos padres de familia dejan a las niñas haciendo tareas domésticas en la casa.

Nicole Sarahí, la niña de Sontole, dice lo mismo: “Los varones vienen más porque las mujeres se quedan haciendo los quehaceres de la casa; eso no me gusta porque es malo. También las mujeres tienen derecho a estudiar, no solo los hombres”.

“Sigan adelante, quizás algún día puedan volver a la escuela, aprender y ser alguien en la vida”, pide Sarahí a los niños y niñas de su comunidad.

Mendieta explica: “El gobierno nos manda a buscar a los estudiantes y tenerlos a todos aquí. Tratamos de que lo brindado sea para todos por igual, sin ninguna distinción. Como docentes, debemos dar respeto para las niñas y procuramos que todos los estudiantes se sientan seguros aquí dentro”.

Por otro lado, Mendieta especificó que dentro del ambiente escolar se hace reflexión que tanto niñas y niños tienen la misma capacidad de aprendizaje.

“Aquí no se trata de que, por ser niña, es menos que otro, en la educación no debe ser así. Por eso es que dentro de la escuela tanto niños y niñas hacen deportes en clases, se les hace reflexionar que las profesiones no tienen género, si no fuese así estaríamos siempre sujetos a una sociedad desigual”, reflexionó el docente.

LA MEJOR HERENCIA

Angela del Socorro Montenegro López, quien impartió clases durante 27 años en Palsila, una comunidad rural de Matagalpa, dice que allí son las niñas las que más asisten a la escuela porque “están conscientes de que la educación es la mejor herencia que se les puede dejar”.

En casos de niños más grandes, añade, “hay padres que prefieren llevarlos a trabajar; entonces, ahí pierden y sucede más en los varones, es un problema porque la retención escolar baja”.

Lesbia Rodríguez, coordinadora general de la Unidad Sindical Magisterial de Nicaragua, considera que la poca asistencia de mujeres a las escuelas en el campo se debe a que allí algunos padres creen que la preparación académica es innecesaria para ellas.

“La mentalidad de la gente del campo es diferente, es más difícil que las niñas asistan a los centros porque generalmente los padres delegan sus obligaciones en las niñas, mientras sigue aquel machismo que no se ha logrado erradicar en el campo”, analiza.

Rodríguez sugiere que en los programas de estudio se incluyan temas para lograr ese cambio, de que las mujeres estén a la par de los varones en las tareas, porque ellas son capaces.

EDUCACIÓN OPORTUNA

Otros factores que impiden a niños y niñas recibir una educación mejor en Nicaragua, son las condiciones estructurales de las escuelas y la formación de los docentes.

En las comunidades rurales prevalece el modelo de educación multigrado, que congrega a niños de distintos grados en un salón de clases con solo un docente.

Jorge Mendoza, director ejecutivo del Foro Nacional de Educación y Desarrollo Humano, explica que, según los parámetros internacionales, “el techo de la calidad de la educación lo constituyen los maestros, mientras los maestros no estén formados, motivados y remunerados, no vamos a tener calidad de la educación”.

Asegura que en Nicaragua la formación docente está desactualizada en las escuelas normales y “tenemos un sistema educativo donde el culto a la personalidad te aleja a la calidad de la educación”.

“¿En qué aporta una marcha de niños de primaria en las fiestas patrias portando el retrato de la Vicepresidenta y del Presidente? ¿En qué aporta que los niños, para estudiar español, empiecen a hacerle poesías a Daniel (Ortega), al comandante (Hugo) Chávez?”, se pregunta.

Otros criterios de la buena educación, según la UNESCO, es “aprender a aprender, aprender a hacer con H, aprender a ser con S y aprender a convivir; y si esos son criterios para determinar la calidad de la educación, realmente nos encontramos a la saga de ese tema que es la calidad de la educación”, opina Mendoza.

SUEÑOS TRUNCADOS

Karen, una Joven de 23 años de edad que estudió en el colegio rural de Palsila, llegó al tercer año de la carrera de enfermería con dificultad. Por razones económicas se retiró y se dedicó a atender una pulpería en su comunidad.

Considera que las escuelas en el campo siguen siendo “las cenicientas y donde menos inversión se ve”, porque los colegios tienen poca infraestructura y equipamiento.

En Palsila, la escuela muestra dañados el techo y el cielo raso y carece de equipos de computación que permitan desarrollar esas habilidades en los niños y niñas, como existen en las zonas urbanas. Esta comunidad dista cinco kilómetros del centro de Matagalpa.

“Si a un niño se le enseña computación, no se le dificulta. A veces, llegamos a la universidad y no sabemos ni usar una computara, llegas a la universidad y no sabes ni encenderla. Tuve que buscar, por otra parte, que me enseñaran”, recuerda Karen.

“Para ir a la universidad tenemos que caminar media hora o una hora, a veces más. Se nos hace muy difícil salir para agarrar el bus, y después el costo de los pasajes. Es muy difícil”, comenta Karen.

EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE COVID-19

En las zonas rurales de Nicaragua la pandemia de la Covid-19 causó más inestabilidad a los estudiantes, por la falta de condiciones para estudiar “en línea” como hacían los de las zonas urbanas.

Muchas comunidades carecen de energía eléctrica y los estudiantes de celulares inteligentes, computadoras o televisores. “Unas familias tienen, otros no, es difícil eso de las clases por televisión, no es lo mismo”, dice Karen.

La doctora Melba Castillo en el programa “La salud está en tus manos”, que se trasmite por el Canal Católico dijo que los niños para recibir clases en línea en tiempos de Covid-19 deben tener habilidades digitales.

“Entonces, hablamos de la importancia de desarrollar las habilidades digitales. No solo usar la computadora, sino aprender a programar, aprender a utilizar mejor los distintos programas. Esas son habilidades que podemos desarrollar en este tiempo”, dijo la especialista. Sin embargo, las condiciones en las comunidades rurales para desarrollar habilidades digitales son precarias.

En Nicaragua el gobierno de Daniel Ortega indicó, luego de tres meses de iniciada la pandemia, que se impartieran clases por la televisión para evitar que los estudiantes interrumpieran sus estudios. Sin embargo, no tuvo éxito tanto en comunidades rurales como en la zona urbana.

POCA INVERSIÓN

El Ministerio de Educación (MINED) dispone de C$886.66 millones para inversiones durante 2021, de los cuales dedicaría C$71.9 millones a mejoramiento y equipamiento de aulas multigrado en primaria, C$105.4 millones a mejoramiento de institutos de secundaria y C$8.71 millones a la mejora de aulas de educación secundaria a distancia.

Marvin García, coordinador del Observatorio de los organismos que trabajan por los Derechos de la Niñez y la Adolescencia (CODENI), señala que hay una disminución del presupuesto para el sector educativo, en comparación con otros años.

“El presupuesto para educación en 2020, era de 20,151 millones y el presupuesto que recién se aprobó tiene una reducción de 131 millones; está en 20,019 millones. En vez de subir, va a bajar”, aseguró García.

Con relación al Producto Interno Bruto (PIB), el presupuesto de Nicaragua para educación se ha mantenido invariable en los últimos tres años. García afirma que hay un “estancamiento” de la inversión pública dirigida a la infraestructura escolar.

“No vemos que haya cambios significativos para la construcción de nuevos centros escolares, el presupuesto dirigido a infraestructura para el 2021 tiene una reducción de aproximadamente el 66 por ciento con relación al 2020. En el 2020 se calculaba en 1,851 millones, dirigido a infraestructura escolar; en 2021 tiene un presupuesto de 1,109 millones, es decir, 741 millones menos”, explica.

Considera necesario que exista un ambiente adecuado en las escuelas, con acceso a agua potable, a letrina y muros perimetrales para seguridad de los estudiantes.

En el año 2020 “hubo casos de violencia sexual en algunos colegios, producto de que entraban foráneos; entonces, sí tiene su afectación en la calidad de la educación y en la seguridad de los chavalos y chavalas” la falta de muros perimetrales, enfatiza.

MAESTROS RURALES RECARGADOS

El profesor retirado Ernesto Ríos, quien habitaba en una comunidad rural del municipio El Sauce, departamento de León, recorría 18 kilómetros cada día para llegar al centro escolar donde impartía clases y un día debió comprar una motocicleta para estar puntual, a las siete de la mañana.

“La zona rural donde yo daba clases es bastante pobre, los padres son de escasos recursos. La situación de los maestros es bastante crítica porque tenés que pasar muchas dificultades, tenés que prepararte, salir muy de madrugada, los caminos son pésimos. Donde yo impartía clases, caminaba 18 kilómetros cerro arriba y cruzaba ríos”, recuerda.

Hace tres años, Ríos dejó de impartir clases en esa comunidad y se trasladó a la ciudad de Managua, donde trabaja como comerciante.

Relata que en las comunidades rurales “el maestro tiene que buscar a los padres, casa a casa, para decirles que manden a clase a los niños, cosa que es muy difícil porque tener que buscar a un padre de familia implica caminar casi todo el día para visitar solo a uno”.

“Si el niño faltaba una semana, hay que ir a buscarlo. Sucede que los padres mandan a los niños al campo a trabajar”, enfatiza.

La baja calidad educativa en las zonas rurales, la atribuye también a la carga de grados que tienen los docentes: “La mayoría de los maestros rurales no solo estamos con un grado, son seis grados. Imagínese, el planeamiento para seis grados y después impartir los seis, es duro. Utilizábamos métodos, pero no son los más eficientes”.

FALTA INCLUSIÓN Y EQUIDAD

Cefas Asencio, experto en educación y desarrollo humano, sostiene que Nicaragua “necesita superar la visión del caudillismo, superar la visión política partidaria por una visión nacionalista que promueva y respete la diversidad que tenemos los nicaragüenses y se respete la convivencia, para estimular el verdadero desarrollo de un país libre y democrático”.

Para conseguir educación con calidad, se necesita adquirir modelos inclusivos y equitativos y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos los estudiantes, dice Asencio.

Propone “impulsar lo que el país está demandando, para mejorar la calidad y organizar una estrategia participativa coordinada con diferentes sectores, para que la educación sea verdaderamente motor de desarrollo”.

Tanto maestros como estudiantes deben recorrer largos caminos en malas condiciones para poder llegar a los centros de estudios/ Foto: Lester Arcia

El Centro de Investigación y Acción Educativa Social (CIASES), organismo privado de investigación y análisis de políticas educativas y sociales es el que tiene el último reporte de la cantidad de escuelas rurales en el país, revelado en el año 2007. El Ministerio de Educación no detalla en su sitio web esa información.

En ese entonces el informe de CIASES indicaba que el 80 % de las escuelas de Nicaragua eran rurales y el 20% urbanas.

El informe reveló que en ese entonces existía “un notorio rezago educativo en la población rural nicaragüense la que alcanza un 37% de analfabetismo y una escolaridad promedio de 3.4 años para la población de 15 años y más”.

En términos generales, “la población escolar rural sufre las consecuencias de la falta de equidad del sistema educativo que se expresa en la escasez de recursos, inadecuada infraestructura e insuficiente oferta”, subrayó el documento.

Por Lester Arcia y Nelson Rodríguez

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